La Fundación KM nació en La Araucanía, la región de Chile con mayor presencia mapuche y al mismo tiempo la más compleja en términos de conflicto territorial y político. Su fundación en 2019 responde a un diagnóstico claro: el conflicto no se resuelve desde la confrontación ni desde el asistencialismo, sino desde el fortalecimiento real de las comunidades y la construcción de relaciones interculturales genuinas.
La Fundación no es una organización de protesta ni una ONG de servicios. Produce conocimiento, impulsa políticas públicas y ejecuta programas concretos desde una posición de independencia respecto del Estado y del mercado.
Su trabajo conecta con la trayectoria histórica del linaje Koñwepang, que desde el siglo XIX ha sostenido lo que llamamos «autonomía participativa»: la reclamación de derechos colectivos y especificidad cultural dentro de un marco político compartido, sin separatismo pero tampoco sin disolución de identidad.
Diálogo con rigor
La Fundación trabaja desde la construcción de acuerdos, no desde la denuncia. Cada proceso de diálogo se diseña para que los resultados sean duraderos — con legitimidad para todas las partes.
Autonomía Participativa
Concepto heredado del linaje Koñwepang: la reclamación de derechos colectivos y especificidad cultural dentro de un marco político compartido. Sin separatismo, pero tampoco sin disolución de identidad.
Independencia institucional
La Fundación KM es ajena a grupos políticos, religiosos, empresariales y gubernamentales. Esa independencia es la base de su credibilidad para actuar como interlocutor en contextos de alta conflictividad.